miércoles, 2 de octubre de 2013

UN CUENTO PARA DESPERTAR A LOS PROFESORES

Una de las entradas más visitadas (espero que también leídas) del blog es un cuento para despertar a los alumnos. Pero, como recientemente he descubierto, nadie puede despertar a otros si uno todavía está dormido, esta entrada estaba incompleta. Hace unos días encontré su “media naranja”, la historia que habla de la otra cara de la moneda… un cuento para despertar a los maestros. La historia que acompaño está adaptada del texto “Three letters from Teddy” de Elizabeth Silance Ballard.

A todos los “profes”… ¡Feliz despertar!

Aquella mañana  la señorita Thompson fue consciente de que había mentido a sus alumnos. Les había dicho que ella les quería a todos por igual pero, acto seguido se había fijado en Teddy, sentado en la última fila, y se había dado cuenta de la falsedad de sus palabras.

La señorita Thompson había estado observando a Teddy el curso anterior y se había dado cuenta que no se relacionaba bien con sus compañeros y que tanto su ropa como él parecían necesitar un buen baño. Además el niño acostumbraba a comportarse de manera bastante desagradable con sus profesores. Llego un momento en que la señorita Thompson disfrutaba realmente corrigiendo los deberes de Teddy y llenando su cuaderno de grandes cruces rojas y bajas puntuaciones. Sin duda era lo que merecía por su dejadez y falta de esfuerzo.

En aquel colegio era obligatorio que cada maestro se encargara de revisar los expedientes de los alumnos al inicio de curso, sin embargo la señorita Thompson fue relegando el de Teddy hasta dejarlo para el final. Sin embargo al llegarle su turno, la profesora se encontró con una sorpresa. La profesora de primer curso había anotado en el expediente del chico: “Teddy es un chico brillante, de risa fácil. Hace sus trabajos pulcramente y tiene buenos modales. Es una delicia tenerle en clase.” Tras el desconcierto inicial, la señorita Thompson continúo leyendo las observaciones de los otros maestros. La profesora de segundo había anotado, “Teddy es un alumno excelente y muy apreciado por sus compañeros, pero tiene problemas en seguir el ritmo porque su madre está aquejada de una enfermedad terminal y su vida en casa no debe ser muy fácil.” Por su parte el maestro de tercero había añadido: “La muerte de su madre ha sido un duro golpe para él. Hace lo que puede pero su padre no parece tomar mucho interés, sin no se toman pronto cartas en el asunto, el ambiente de casa acabará afectándole irremediablemente.”. Su profesora de cuarto curso había anotado: “Teddy se muestra encerrado en sí mismo y no tiene interés por la escuela. No tiene demasiados amigos y, a veces, se duerme en clase.

Avergonzada de sí misma, la señorita Thompson cerró el expediente del muchacho. Días después, por Navidad, aún se sintió peor cuando todos los niños le regalaron algunos detalles envueltos en brillantes papeles de colores. Teddy le llevó un paquete toscamente envuelto en una bolsa de la tienda de comestibles. En su interior había una pulsera a la que faltaban algunas piedras de plástico y una botella de perfume medio vacía. La señorita Thompson había abierto los regalos en presencia de la clase, y todos rieron mientras enseñaba los de Teddy. Sin embargo las risas se acallaron cuando la señorita Thompson decidió ponerse aquella pulsera alabando lo preciosa que le parecía, al tiempo que se ponía unas gotas de perfume en la muñeca. Teddy fue el último en salir aquel día y antes de irse se acercó a la señorita Thompson y le dijo: “Señorita, hoy huele usted como solía oler mi mamá.”

Aquel día la señorita Thompson quedó sola en la clase, llorando, por más de una hora. Aquel día decidió que dejaría de enseñar lectura escritura o cálculo. A partir de ahora se dedicaría a educar niños. Comenzó a prestar especial atención a Teddy y, a medida que iba trabajando con él, la mente del niño parecía volver a la vida. Cuánto más cariño le ofrecía ella, más deprisa aprendía él. Al final del curso, Teddy estaba ya entre los más destacados de la clase. Esos días, la señorita Thompson recordó su “mentira” de principio de curso. No era cierto que los “quisiera a todos por igual”. Teddy se había convertido en uno de sus alumnos preferidos.

Un año después la maestra encontró una nota que Teddy le había dejado por debajo de su puerta. En ella Teddy le decía que había sido la mejor maestra que había tenido nunca.

Pasaron seis años sin noticias de Teddy. La señorita Thompson cambió de colegio y de ciudad, hasta que un día recibió una carta de Teddy. Le escribía para contarle que había  finalizado la enseñanza superior y para decirle que, continuaba siendo la mejor maestra que había tenido en su vida.

Unos años más tarde recibió de nuevo una carta. El niño le contaba como, a pesar de las dificultades había seguido estudiando y que pronto se graduaría en la universidad con excelentes calificaciones. En aquella carta tampoco se había olvidado de recordarle que era la mejor maestra. Cuatro años después, en una nueva carta, Teddy relataba a la señorita Thompson como había decidido seguir estudiando un poco más tras licenciarse. Esta vez la carta la firmaba el doctor Theodore F. Stoddard, para la mejor maestra del mundo.

Aquella misma primavera, la señorita Thompson recibió una carta más. En ella Teddy le informaba del fallecimiento de su padre unos años atrás y de su próxima boda con la mujer de sus sueños. En ella le explicaba que nada le haría más feliz que ella ocupara el lugar de su madre en la ceremonia.

Por supuesto la señorita Thompson aceptó y acudió a la ceremonia con el brazalete de piedras falsas que Teddy le regalará en el colegio y, perfumada con el mismo perfume de su madre. Tras abrazarse, Teddy le susurró al oído: “Gracias, señorita Thompson, por haber creído en mí. Gracias por haberme hecho sentir importante, por haberme demostrado que podía cambiar.”

Visiblemente emocionada, la señorita Thompson le susurró: “Te equivocas, Teddy, fue al revés. Fuiste tú el que me enseñó que yo podía cambiar. Hasta que te conocí, yo no sabía lo que era enseñar.”

* Imagen: Monumento al maestro. Ayuntamiento de Palencia. Escultura de Rafael Cordero.

¡FELIZ REFLEXIÓN!


50 comentarios:

  1. Miguel... sin comentarios. Hacía tiempo que una lectura no hacía brotar lágrimas no de mis ojos, sino de mi corazón. Y qué verdad tan cierta y de qué bonita forma la has compartido. No sólo a nivel educativo, que por supuesto también, pero sin duda en nuestro día a día... ¿cuantos casos cómo éste habremos vivido y han pasado inadvertidos? Gracias por el regalo de tus palabras. Un fuerte abrazo!!

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    1. Bea, ¡Qué alegría escuchar tus palabras!

      Leer tu comentario ha sido como si pudiera escucharte de nuevo, como si no hubiera pasado tiempo.Como si estuvieras cerca. ¡Cuántos recuerdos y cuántas emociones!
      Es cierto que la reflexión se puede aplicar más allá de lo educativo, para cuestionar todos los juicios apresurados e injustos que realizamos continuamente sobre los demás, a los que no les concedemos el beneficio de la duda, ni el tiempo para entender porque son como son y hacen lo que hacen. Aprender a no juzgar, uno de los valiosos aprendizajes que compartimos.

      Muchas gracias por tus palabras Bea. Me ha encantado escucharte.
      Un fuerte abrazo. Besos.

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  2. Un relato precioso, emotivo y con una excelente reflexión.
    Lourdes
    http://lapeormadredelano.blogspot.com.es

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    1. Gracias Lourdes!! Seguro que no eres tan mala madre como presumes. Me paso y lo compruebo.

      Saludos.

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  3. Excelente reflexión. Hace ver que es cotidianidad del día a día pero el egocentrismo no permite que nos figemos en nustras propias virtudes y aun más reconocer los errores. Felicidades aunque seguramente con el paso de los años aprenderemos solo de las practicas vividas.

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    1. Excelente aporte Artur. A menudo nuestro Ego nos tiene tan engatusados que no solo no nos permite darnos cuenta de nuestros errores, sino que tampoco nos permite sacar a la luz nuestras virtudes. Es por ello que es tan importante encontrar en nuestro camino algún Teddy que nos abra los ojos.

      Saludos Artur.

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  4. Una gran historia. Tiene una profunda enseñanza que tomo para mi propia vida. Saludos.

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    1. ¡Feliz y provechosa reflexión Olmo!

      Saludos

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  5. Enhorabuena por la entrada y por el blog!! Iré siguiéndolo. Un saludo!

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    1. Gracias por el comentario y por pasar. Enhorabuena también por tus artículos y por tu blog al que llegué por una entrada en la que recogías una visión muy crítica (y compartida) del sistema educativo universitario apoyándote en una anécdota de Santos-Guerra. Genial la reflexión.

      Seguimos compartiendo. Saludos!

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  6. Maravilloso, me han entrado respigos y me he emocionado hasta el punto de rodar unas lágrimas traicioneras.

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    1. Las emociones son síntoma de que aprendemos, de que crecemos, de que estamos vivos. Saludos.

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  7. Una buena lección, sí señor. Ojalá siempre sepamos dónde poner nuestra mirada. Gracias por compartirlo.

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    1. Ojalá que si Jose Luis!! Ojalá no perdamos de vista nunca lo que realmente importa, lo que realmente va a ser transcendental para nuestros alumnos, y eso, las más de las veces no está escrito en el libro de texto.

      Saludos.

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  8. Que emocionante, en verdad casi casi roda una lágrima por mi mejilla. Se agradece ya que muchas veces se nos olvida que no solo debemos enseñar, educar sino también dar amor y valores a nuestros alumnos.

    Gran lección de vida. Muchas gracias

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    1. Es por ello que la educación va más allá de la simple enseñanza. No se trata solo de mostrar sino también de demostrar, a través de nuestra coherencia y nuestro ejemplo. Educar no es una transferencia de contenidos del que sabe al que no, no es una transacción. Educar es un acto de entrega, en el que nos ofrecemos para acompañar a los alumnos durante una parte de su camino.

      Gracias Julia por tu reflexión. Saludos.

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  9. Gracias. Tengo aproximadamente 400 estudiantes de Primer Año en mi Coordinación. Si Dios no me sensibiliza, qué podré ofrecerles a diario a estos adolescentes. Me impactó.

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    1. Freddy intenta ofrecerles tu presencia, tu voluntad y tu ejemplo sincero. Son muchos alumnos y no hay que desmoralizarse porque (aparentemente) algunos no lo valoren. Con que les llegue a unos cuantos habrá valido la pena.

      Un saludo y... mucho ánimo!

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  10. Impresionante, creo que nunca olvidaré esta historia, cómo se puede enseñar con unos párrafos.
    Me ha llegado al corazón como maestra y como persona.

    Enhorabuena haces un gran trabajo.

    Un saludo.
    María.

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    1. Muchas Gracias por el comentario y por tus amables palabras María.

      Un saludo.

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  11. ¡Preciosa historia! Yo soy maestra y cada día los niños te aportan y te enseñan tantas cosas que nunca dejas de crecer como persona.
    Espero que todos los maestros del mundo reflexionemos sobre qué es educar. Y también, que seamos conscientes de que compartimos nuestra vida com un montón de pequeñas personas, cada una con sus circunstancias.

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    1. Totalmente de acuerdo contigo Carme, la responsabilidad docente implica enormes dosis de reflexión y conciencia sobre la importancia y la repercusión de nuestras acciones. Nuestro ejemplo, nuestra acción (o inacción) se convierte en un referente, en un espejo en el que se miran nuestros alumnos. Estamos obligados a ser conscientes de esa repercusión.

      Un saludo.

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  12. Hacía tiempo que no se me escapan unas lagrimillas. Es impresionante la importancia del reconocimiento en edades tempranas. me ha emocionado

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    1. Con todo, más vale tarde que nunca.

      Gracias por comentar Caridad.

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  13. me he quedado sin palabras, y eso que el texto llegó a mi por casualidad, brillante historia, gracias por compartirla

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    1. A menudo las casualidades llegan en el momento apropiado.

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  14. Increíble relato! Es precioso! Todos los maestros deberíamos despertar! Gracias! ha sido emocionante leerlo.

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    1. Ser capaz de hacer esa lectura reflexiva y emocionada del texto ya indica que estamos "desperezándonos", que estamos en un proceso de mejora continua. Un saludo Diana.

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  15. Entre aquí porque el nombre del blog me llamo la atención, no pensé encontrarme con lo que he estado buscando por días, reflexiones para la vida, porque uno educa con el ejemplo, y para que sea bueno hay que estar educados.... Me convertiré en su seguidora... Un abrazo

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    1. Gracias por tus palabras Dian. Encantado de que te sirvan las reflexiones que recojo. Sin duda el ejemplo y la coherencia son valores indispensables en la maleta de todo educador.

      Bienvenida. Un abrazo.

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  16. Espectacular relato! Te mencioné en mi blog!

    http://infantologia.blogspot.com.es/2013/11/un-cuento-para-despertar-los-profesores.html

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    1. Gracias Kevin por el detalle. Me paso por tu blog a echar un vistazo.

      Saludos.

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  17. Ejemplar historia a seguir, también rodaron por mi rostro las lágrimas.

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  18. Lo empecé a leer como sin querer, mientras se acababa de calentar la cena y ahora estoy aquí, llorando mientras escribo (y se enfría la sopa). A veces llorar es bonito. Como esta vez. Gracias Miguel (a favoritos que te vas, volando que ya tardo).

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    1. Muchísimas gracias Estrella por tu precioso comentario y por compartir emociones y lagrimas y ...casi, casi hasta cena.

      Un abrazo.

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    2. Gracias a ti, Miguel. Me pongo ahora mismo a reflexionar sobre "lo de Mateo". Un saludo y una tajada de la luna que se ve desde el balcón del despacho.

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  19. Muchas gracias por permitirme leerlo. Lo descubrí por vía de Azahara Garcia en un artículo de Eproform donde te menciona. Un saludo.

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    1. Gracias por el apunte, desconocía la información. Saludos

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  20. Precioso!!!
    Las lagrimas casi me impedian la lectura
    Felicidades!!!

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  21. Considero que es un cuento precioso que te lleva a la reflexión.

    Creo que es muy importante empezar a ver la enseñanza como educación y no como instrucción. Día a día tratamos con personas, compartimos historias, aprendemos unos de otros y, aunque es muy fácil creer que nuestro esfuerzo es inútil, que no sirve para nada o que nadie nos escucha, encuentras historias así. Historias que hacen replantearte tu trabajo y volverte a ilusionar. Ya no solo en educadores sino en trabajadores sociales, pedagogos, psicólogos… y todos aquellos profesionales que se encuentran rodeados de vidas, de historias, de cuentos… que como éste te hacen despertar y vivir la realidad.

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  22. Lo unico puedo decir, q tus palabras me han echo llorar, que me he llegago a sentir parte de la historia..y que has plasmado lo que debería significar ser maestra.
    enhorabuena,precioso

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  23. Después de 35 años dedicado a la enseñanza, me llega este relato a a las manos y me convierte en protagonista.
    Me ha traido a la memoria a aquellos alumnos con grandes capacidades para aprender y razonar y también me ha traído a aquellos alumnos en los que tenia puesta una atención especial. Esos alumnos que no me fallaron. Esos alumnos por los que luchaba cada dia. Esos alumnos que daban valor y sentido a mi vida de maestro.
    Nunca les olvidaré. Siempre estarán en un rincón de mi corazón.

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  24. ¡Que relato mas bonito! A veces los alumnos no se comportan mal porque sí. Todos aprendemos de todos.
    Gracias por contar esta historia.

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  25. El cuento es una maravilla y desde luego toca la fibra sensible que pueda hacer despertar a todo aquel profesorado que ande dormido. No obstante, me permito poner un "pero", y es esa tendencia malsana en la profesión a pretender ganarse el título de "mejor profesor que has tenido en la vida". En el cuento se recalca varias veces que la maestra recibe ese homenaje por parte de Teddy, de manera que se ve recompensada con el presunto mayor premio que pueda conseguir un docente: llegar tanto a un alumno y haber sido tan decisivo en su vida que éste te aúpa al pódium de "el mejor". Además, siempre que aparecen relatos como éste, se destaca que el título el profesor lo consigue gracias a que transformó su manera de hacer, dando prioridad al educar sobre el instruir.
    Ciertamente, cualquiera que trabaje en el mundo de la educación debería centrarse más en la formación integral de la persona del educando que no meramente en sus conocimientos específicos sobre un área concreta del conocimiento. No obstante, veo a menudo que algunos profesores, en su lucha desesperada por obtener el reconocimiento por parte de algunos de sus alumnos como "el mejor", y convencidos de que el modo de lograrlo pasa sobre todo por dedicarse a la persona más que al estudiante, llegan hasta el punto de dejar de impartir la materia del curso que supuestamente enseñan, para convertir sus clases en algo más parecido al despacho de un asistente social.
    Por otro lado, la competencia que se ejerce entre los profesores que se disputan el título de "el mejor profesor que has tenido en tu vida" genera verdaderas dificultades para que donde triunfa este espíritu se lleve a cabo un verdadero trabajo en equipo entre la plantilla de docentes. ¿Cuánto ego hay en esa competitividad y cuánto de auténtico interés por aquel al que educamos? En la historia de Teddy se nos muestra una profesora que a todas luces actúa con el corazón y su recompensa mayor es haber contribuido en la recuperación anímica, afectiva e intelectual del muchacho. Pero por qué quien ha escrito este relato tiene que insistir tanto en que el alumno le escribía periódicamente para dedicarle ese título. ¿Qué problema habría habido en que le explicara que siempre recordará lo importante que fue en su vida en aquel momento, sin la necesidad de destacar repetidamente que era "la mejor"?
    Hágamonos un favor todos los docentes y desterremos esa pretensión de que nos consideren individualmente de ese modo. Veamos la labor de un equipo de profesores como si de un equipo de jugadores de fútbol se tratara. Cada uno tiene una función, cada uno desempeña una labor, y todos ponemos nuestro granito de arena para que nuestros estudiantes desarrollen sus capacidades en un entorno que sea educativo y que les permita sacar a la luz sus mejores talentos a todos los niveles. Felicitémonos de colaborar en ese proyecto de escuela. Téngase en cuenta que la profesora de Teddy comienza a reaccionar precisamente después de leer los informes que habían escrito las profesoras que éste había tenido en cursos anteriores. Cualquiera puede sentirse halagado cuando un alumno te dice que te considera el mejor profesor que nunca ha tenido. Pero si realmente lo que nos importa es la persona, desearemos que en el futuro encuentre profesores magníficos que también le parezcan excelentes, y no pretenderemos mantener el título de "el mejor", sino que simplemente nos sentiremos felices por haberle ayudado con nuestro trabajo y en todo caso nos gratificará si pasados los años sigue recordando con estima la dedicación que pusimos en su formación.
    Un saludo a todos los maestros y profesores que cada día llevamos a cabo la difícil y hermosa tarea de educar.
    Joan Méndez

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    1. totalmente de acuerdo contigo Joan. Le falta pulir detalles a esta historia (aunque es muy conmovedora). Uno puede ver el progreso de Teddy gracias a la maestra (las maestras porque las anteriores tambien estuvieron atentas) o puede ver como crecía el ego de esta maestra actual. En la vida real las historias que hacen que un niño sea como Teddy no tienen hechos tan graves como la muerte de la mamá y sin embargo también necesitan una maestra como esta, pero como los motivos no son tan profundos no nos damos cuenta tan rápido, por otra parte en la vida real no recibes una carta por debajo de la puerta, ni te pide el niño que seas su mamá, y trabajas sin recompensa... igual hay que hacerlo. Igual hace falta, igual le puedes dar alegría al niño aunque eso no se pueda ver. Finalmente, me amrga mucho cuando veo que la profesora siguiente no entiende las cuestiones asi...y chau Teddy. En la vida real es mucho más duro que en esta historia, que a pesar de eso me pareció muy tierna.Por otra parte no podemos, ni debemos dejar de lado el enseñar la materia para hacer lo otro, hay que hacer las dos cosas. No estoy en contra de esta historia, me ha gustado, pero en la vida es mucho más dificil y no hay recompensa visible.

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  26. .... y después de 36 años dedicado a ser maestro (no me gusta la palabra "profesor ") se me disparan las lágrimas y no las puedo contener. Yo pensaba que ya estaba curtido en la vida y en la enseñanza... y veo que todavía tengo cosas que aprender.

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  27. En mi humilde opinión no habría que profundizar tanto, que si la mejor profesora, que si la recompensa, que si en la vida real.... para mí el mensaje es mucho más sencillo: ama lo que haces, si amas lo que haces tendrás tiempo para impartir tu materia, sí, y para ver que un día ese alumno está un poco triste, o este otro viene especialmente contento.... no dejemos nada de lado, seamos felices con lo que hacemos.

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